En el corazón de Sotogrande, dentro de Los Siete, Villa Nara surge como una propuesta que va más allá de la arquitectura entendida como objeto. Diseñada por ARK Arquitectos, la residencia ofrece una reflexión más profunda: cómo el espacio influye en el bienestar físico y mental, y cómo la arquitectura puede convertirse en un vehículo para una vida más equilibrada.
Hablamos con Manolo Ruiz, arquitecto del proyecto, sobre los orígenes de Nara, su relación con el paisaje y la idea de longevidad como eje central del diseño.
Nara se presenta como un hogar estrechamente vinculado a la experiencia. Cuál fue el punto de partida del proyecto?
Nara es una casa diseñada para los sentidos. Desde el momento en que entras, la vivienda te transporta a un estado de calma y relajación. El proyecto nació con una intención muy clara: respetar el ADN del lugar. Lo que la hace especial es precisamente su integración con el entorno, su capacidad para fundirse a la perfección con el paisaje.
Nara es una casa diseñada para los sentidos. Desde el momento en que entras, la vivienda te transporta a un estado de calma y relajación. El proyecto nació con una intención muy clara: respetar el ADN del lugar. Lo que la hace especial es precisamente su integración con el entorno, su capacidad para fundirse a la perfección con el paisaje.
Esa relación con el entorno parece clave en el proyecto. ¿Cómo se traduce arquitectónicamente?
La intención es casi no existir, dar todo el protagonismo al propio emplazamiento. Estamos en una parcela excepcional dentro de Sotogrande, con vistas al Mediterráneo y al valle del Guadiaro. Había que respetarlo. El proyecto se descompone en volúmenes que se adaptan a la topografía, como si siempre hubieran estado ahí.
La intención es casi no existir, dar todo el protagonismo al propio emplazamiento. Estamos en una parcela excepcional dentro de Sotogrande, con vistas al Mediterráneo y al valle del Guadiaro. Había que respetarlo. El proyecto se descompone en volúmenes que se adaptan a la topografía, como si siempre hubieran estado ahí.
Un concepto que aparece repetidamente es la longevidad. ¿Cómo se integra en la arquitectura?
La longevidad, entendida a través del cuidado del cuerpo y la mente, es fundamental. Hoy sabemos -y la ciencia lo confirma- que vivir en conexión con la naturaleza tiene un impacto directo en nuestros sistemas emocional y cognitivo. La arquitectura puede ayudarnos a reconectar con ese estado.
La longevidad, entendida a través del cuidado del cuerpo y la mente, es fundamental. Hoy sabemos -y la ciencia lo confirma- que vivir en conexión con la naturaleza tiene un impacto directo en nuestros sistemas emocional y cognitivo. La arquitectura puede ayudarnos a reconectar con ese estado.
Nara está concebido para generar esa sensación a través del propio espacio, no sólo mediante la tecnología. Hablando de eso, ¿qué papel desempeña el bienestar en el hogar?
El bienestar no es un añadido; forma parte del proyecto. Por supuesto, la casa incorpora tecnología punta -zonas de spa, sistemas avanzados, equipos de alta gama-, pero lo verdaderamente importante es cómo la arquitectura te guía hacia ese estado de bienestar. Es el diálogo entre el entorno natural y el construido lo que realmente crea la experiencia.
El bienestar no es un añadido; forma parte del proyecto. Por supuesto, la casa incorpora tecnología punta -zonas de spa, sistemas avanzados, equipos de alta gama-, pero lo verdaderamente importante es cómo la arquitectura te guía hacia ese estado de bienestar. Es el diálogo entre el entorno natural y el construido lo que realmente crea la experiencia.
En ese sentido, hay una fuerte presencia de referencias culturales, incluso orientales. ¿De dónde procede esa inspiración?
Nara es un proyecto que se mueve entre Oriente y Occidente. Tanto el budismo zen como el sintoísmo sitúan la naturaleza en el centro de su filosofía, y eso resuena profundamente con nuestra forma de entender la arquitectura. El nombre es un homenaje a esa cultura, pero también a esa forma de percibir el espacio.
Nara es un proyecto que se mueve entre Oriente y Occidente. Tanto el budismo zen como el sintoísmo sitúan la naturaleza en el centro de su filosofía, y eso resuena profundamente con nuestra forma de entender la arquitectura. El nombre es un homenaje a esa cultura, pero también a esa forma de percibir el espacio.
Materialidad, patios, agua... muchos elementos parecen construir esa relación con la naturaleza.
Sí, porque no se trata de imitar a la naturaleza, sino de dialogar con ella. Utilizamos materiales naturales -piedra, madera, metales- y elementos como los patios que llevan la naturaleza al interior. El patio también tiene una función bioclimática: permite que la casa respire de forma natural. Todo está diseñado para crear equilibrio.
Sí, porque no se trata de imitar a la naturaleza, sino de dialogar con ella. Utilizamos materiales naturales -piedra, madera, metales- y elementos como los patios que llevan la naturaleza al interior. El patio también tiene una función bioclimática: permite que la casa respire de forma natural. Todo está diseñado para crear equilibrio.
¿Qué papel desempeña Sotogrande en todo esto?
Sotogrande tiene algo verdaderamente único. Hay un poderoso valor natural incrustado en su ADN. Cuando alguien llega aquí, ya entra en un entorno que le predispone al bienestar. Es casi un santuario natural. Lo que hace Nara es amplificar esa cualidad.
Sotogrande tiene algo verdaderamente único. Hay un poderoso valor natural incrustado en su ADN. Cuando alguien llega aquí, ya entra en un entorno que le predispone al bienestar. Es casi un santuario natural. Lo que hace Nara es amplificar esa cualidad.
Si tuviera que resumir el proyecto en una idea, ¿cuál sería?
Si somos capaces de diseñar un hogar que lea el lugar y lo eleve a otro nivel, estaremos creando algo más que una casa. Estamos creando un santuario para la vida.
Si somos capaces de diseñar un hogar que lea el lugar y lo eleve a otro nivel, estaremos creando algo más que una casa. Estamos creando un santuario para la vida.






